sábado, 5 de mayo de 2012

Hoy, mis dos amores.




Sólo han pasado escasas tres semanas. Demasiados días. Los suficientes. Muchos para estar tan lejos de las caricias soñadas. Esas que dice la canción son las mejores. Tantos como para que la deriva de la lontananza vire hasta la nostalgia. Largas jornadas de pugna entre el despacio correr del tiempo y la velocidad de crucero impuesta por el vuelo de la mente. Lucha descarnada entre el poso que marca el recuerdo y la ilusión que dibuja la espera. Duelo entre la diaria visión de lo querido y la inmediato roce de lo amado. Entre la sensibilidad a flor de piel y el deseo de tocar una que es la más pura seda.

Hoy se para mi mundo. Todo será quietud. El reloj se despojará de manecillas. Sólo sonará la campana de la felicidad. Sólo se escuchará el palpitar de tres corazones que volverán a ser uno. La risa y el llanto de la inocencia. El suspiro aliviado y sereno de la madurez. La brisa de la felicidad correrá para despejar las nubes que nublan mi cielo. Hoy el amor vuela a mi encuentro. La sublime belleza de la pequeñez que encandila. El fuego moreno de la atracción que siempre me abrasa. Por fin besaré la tersa tez que me otorga la vida. Por fin hoy abrazaré y acunaré lo que es la vida de mi vida. Hoy por fin la espera termina. Hoy vienen para buscarme. Hoy vienen para quedarse.  Aquello por lo que ya estoy enloqueciendo. Hoy volveré a tener cerca, a sentir aquello que más quiero. Hoy tendré de nuevo junto a mi a mis dos amores. Hoy búscame en el cielo porque desde allí estaré enterrando mi infierno.

sábado, 28 de abril de 2012


¿Susto o muerte?




Mucho tiempo ha transcurrido desde la última vez que me asomé por este humilde lugar. Han pasado muchos meses sin que desde aquí haya compartido mi particular visión de ciertos asuntos. Y no ha sido precisamente porque no hayan ocurrido cosas dignas de comentar. Tal vez alguien pueda pensar que el que ahora suscribe ya había sido acuciado por la habitual ola de aburrimiento que a todo el mundo llega cuando la novedad deja de serlo. Que tras poner en marcha un proyecto nos rendimos cuando el mismo no ha terminado de andar sus primeros pasos. Que ya pasó la moda y a otra cosa mariposa. Tal vez servidor en alguno de estos meses transcurridos lo haya podido sentir así. No lo niego. Sin embargo otros han sido los principales motivos que han surcado las razones por las que no se ha pronunciado palabra en este lugar. Obviamente no voy a entrar en ellas. No hace falta. Nada interesante que podría sonar más a excusa que a razón.

Si bien es cierto que muchas veces, más de las que se puedan imaginar, he estado tentado de volver a coger la aguja y el dedal y abrir esta sastrería, otras tantas me he frenado y he reflexionado sobre la deriva que pudiera tener la confección de un nuevo traje. No ha sido cobardía ni mucho menos. Tal vez alguna pizca de contención, para que negarlo. Tampoco es que estuviera sobrado de ese tiempo que hace falta para proyectar el diseño de una nueva pieza. Y el poco que tenía lo dividía entre mil para dedicarme a otro tipo de cuestiones que imantaban responsabilidades contraídas. Algunas relativas a la devoción. A lo mejor más de lo requerido. Otras circunscritas al ámbito de la obligación. Tal vez menos de lo debido. 

Pero siempre con la espina clavada de no haber podido decir ni hasta luego. Un simple, nos vemos pronto. O por decirlo con un vocablo más cercano a la actividad de este sitio, sin haber puesto un cartel advirtiendo de un cerrado por motivos personales que no por vacaciones. Tampoco es una obligación dar cuenta aquí de todo lo que sucede pero al menos si entiendo debiera ser cortés con todos los que alguna vez se han pasado por este pequeño rincón. 

Desde entonces hasta ahora. Desde la última vez que pisé las tablas de esta sastrería hasta hoy en la que vuelvo a reencontrarme con ella, han ocurrido tantas cosas que sería imposible poder hacer compendio de todas ellas. En algunos ámbitos han sido tantos los avances como la inmovilidad. Tanto el progreso como la vuelta atrás. Tanta historia como cuentos.

En el que a mi me repercute. En lo que a los míos concierne. Tan sólo uno digno de resaltar. El sometimiento a la obligación de elegir entre el susto y la muerte. Dicho así de este modo, alguno puede deducir lo trágico de una situación que no es tal. Si es seguro que más traumático que dramático. Pero es la mejor forma de explicar lo sucedido en los últimos tiempos. Elegir de qué forma has de cambiar tu vida cuando así vienen dadas. Cuando alguien así lo ha decidido. 

La muerte era seguir en mi tierra, con los míos, en mi hogar, con mis amigos, con mi familia. El susto se correspondía con marcharme lejos de todo lo anterior, embarcándome en una incierta travesía a la que arrastraba sin remisión a la vida de mi vida. La muerte era continuar viviendo junto a mi gente. El susto era irme de su vera. Aparente contradicción. Difusa interpretación.

Hay quien diría que no merece la pena darlo todo por el trabajo. Pero cuando donde uno habita dicho trabajo no existe, cuando la tasa de paro se eleva al 34%, con lo que está cayendo, con una probabilidad de recolocación ínfima y lo que te rondaré morena, irse al desempleo se puede catalogar de muerte (profesionalmente hablando claro), no siendo el mejor momento para experimentar con gaseosa. Quitarse de enmedio y emigrar a la antigua usanza para seguir desempeñando una tarea remunerada, aún lejos de lo que más quieres, puede interpretarse como susto.

Pues bien, como ya sabréis la mayoría y como bien intuiréis los demás, uno que tras mucho darle vueltas al asunto planteado, tras mucho analizar pros y contras, discernir ventajas e inconvenientes,  se ha decantado por la segunda de las opciones. El susto. He elegido susto. Y en esas me hallo. Acostumbrándome a un lugar donde el sol se ausenta más de lo debido y la lluvia de momento no deja de hacerme compañía hasta la mejor presencia. Esa que pronto llegará. En una gris ciudad donde la acogida de la gente hace colorear el transcurso de los días, mientras entierro viejas ideas preconcebidas. Haciendo de cualquier detalle, de cualquier cosa, de cualquier hecho una bandera para mi felicidad. En un rincón donde la oscuridad se convierte en luz con la ilusión de una esperanza a la que de momento prefiero no mirar. Viviendo en definitiva la experiencia única del que hoy se siente afortunado. Del que hoy al menos se ha podido levantar con un empleo donde ir a trabajar.

Pd: Aprovecho la oportunidad para despedirme de todos aquellos de los que no pude hacerlo personalmente y agradecer todas las muestras de cariño y apoyo recibidas. Yo también os aprecio. 

sábado, 22 de octubre de 2011

¿Qué nos está pasando?




¿Qué diablos nos está pasando?. La verdad es que no lo entiendo. No puedo llegar a comprender a los extremos a los que estamos llegando. Por más que lo intento, por más que procuro, por más que me esfuerzo...

Vaya por delante que creo y siempre he creído en la bondad del ser humano por naturaleza. Un ser humano que alcanza la vileza y la maldad conforme va desarrollándose. No la trae genéticamente intrínseca. No es un elemento seriado en nuestro ADN. A lo mejor. Probablemente me equivoque. Seguramente habrá estudios de prestigiosas universidades que me contradigan. Mientras tanto no me lo creo.

Sin embargo existen hechos, muchos hechos, demasíados hechos que me hacen dudar de lo que arriba afirmo. Multitud de actos humanos. Innumerables. Incontables. Numerosísimos hechos diarios que además cuentan con etiquetas incalificables. Tal vez, ¿execrables?, ¿violentos?, ¿crueles?, ¿dolorosos?, ¿bárbaros?... No encuentro, sinceramente, ningún calificativo que así lo pueda describir.

En el post anterior, me refería al comportamiento y acción de un profesor egipcio con una "peculiar", por no decir lamentable, forma de tratar y formar a sus púpilos. Tal vez me referí a ello, desde la rabia que me provocó ver su metodología, de una forma lamentable e injustificable. Lo lamento. No era mi intención. Era lo que sentía.

En esta ocasión también quiero expresar lo que siento. Pero a diferencia de la vez anterior, ahora no consigo adivinar cual es ese sentimiento. Quizás, tras varios días, el más aproximado sea el de tristeza y el de la impotencia. A lo mejor es desolación. Pero no lo adivino con exactitud. ¿Quién no ha visto estas imágenes?. Una niña atropellada. Arrollada dos veces. Tirada en el suelo. Abandonada. Desangrándose. Vehículos y transeuntes. Nadie repara en ella. Nadie la mira. Nadie la atiende. Nadie la ayuda. Es más. La ignoran cuando casi la pisan. Pasan de ella como si de una vulgar caja de cartón fuera.  

Hoy me enterado del final de la historia. Y colorín colorado. No ha sido feliz. La pequeña ha fallecido. Ha muerto. Caput. Hasta doce personas. Si ¡doce! pasaron a su lado. Nadie la auxilió. Nadié reparó en ella. Nadie se dió cuenta. Nadie la vió. ¡Venga ya!. No me lo creo. Ahora los lamentos. Ahora la pena. Ahora el llanto y el desconsuelo. Ahora bien nos merecemos al menos una reflexión. ¿Por que hemos llegado hasta este punto? ¿Esto es lo que nos duele el bienestar conjunto de la sociedad? ¿Así es como demostramos interés por los demás? ¿Tan ocupados estamos? ¿Tan alienados estamos con nuestras cosas? ¿Tan poco tiempo tenemos para dedicarlo a ayudar al prójimo? ¿Hay que esperar a que a que alguien muera así para preguntarnos lo anterior? ¿Eso es lo que valemos?  ¿Donde está la caridad? ¿Donde queda la solidaridad? Probablemente tenemos lo que nos merecemos.

La tierra sigue girando y nosotros con ella. De nuevo ha salido el sol. Volverá a llover, aún cuando nos parezca mentira. Los pájaros cantarán. Seguiremos nuestra vida. Cada uno la suya. Continuaremos con nuestros problemas. Cada cual con los propios. Avanzamos aunque retrocedamos. Viviremos aunque cada jornada nos vamos muriendo. Será el destino. Así está montado el juego. Valemos mucho. Quizás nada. Pasaremos sin pena y sin gloria, puesto que todos terminaremos de igual manera. Son tres días. Hay que aprovecharlos. Pero digo yo que al menos tendremos un momento, un segundo para preguntarnos ¿Qué diablos nos está pasando?. 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un gran hijo de... "Alá"





Por casualidad. Así fué como me encontré con ello. Es así como me he topado con la razón de que hoy se vuelva a trabajar en este lugar. No es que haya sido pereza. Ni mucho menos. Tal vez saturación, o mejor dicho, dedicación. Dedicación a otras cuestiones que ahora absorben mi vida y dedicación al ocio en el poco tiempo que pueda dedicarme a mi mismo. No existe vida si todo son obligaciones.

A lo que voy. Navegaba por la red, nada en especial, periódicos, redes sociales, información financiera, blogs... cuando de repente en uno de ellos, en uno al que le tengo particular cariño, en el blog del El Guindi me doy de bruces con una cruel y triste realidad. Un simple video. Un corto ejemplo de la crueldad que es capaz de desarrollar el ser humano. Un modelo de lo que significa ser un verdadero hijo de... "Alá". 

Removido todo lo existente en lo más profundo de mis entrañas, no podía resistir al ir viendo cada una de las escenas que nos regala este profesor del Islam, egipcio para más señas, la ira que se apoderaba de todo mi ser. Al mismo tiempo, sin dejar de mascullar entre dientes, pensaba lo que podría hacer si me encontrara con un tipo como este haciendo algo parecido a alguien que ya es más importante que mi propia vida. Por lo pronto, arrancarle la cabeza. De cuajo. Cómo poco arrancarle la piel a tiras con latigazos de vara de acebuche. Dejarle la espalda a este gran hijo de... "Alá" con más cicatrices que la cara de Freddy Krueger.

 Siento de verdad, si alguién se molesta con tal estado de indignación. Con esta irradiación violenta que desprendo. Tal vez, me comprendan cuando lo vean. Seguramente reaccionen como yo. Poca sangre tendrá quién comprenda, quien defienda o simplemente quien excuse a esta bestia. A este ogro. A este bárbaro. A este ejemplar hijo de... "Alá".

Juzguen ustedes mismos. Saquen sus propias conclusiones. Esta es la cuestión. Esta es la razón. Esta es la explicación de mi sentir. Vean esto.

Probablemente me entiendan ahora. ¿Verdad?. Naseabundo. Vomitivo. Cruel. Bárbaro... sean ustedes los que sigan catalogando esta forma de impartir ¿formación?, esta forma de transmitir ¿conocimientos?, esta forma de repartir ¿enseñanza?, mejor dicho ¿estopa?.

No se que es lo que me ha provocado mayor indignación. Si el ver a este pedazo de hijo de... "Alá" vara en mano amedrentar a pequeñas criaturas o el contemplar el miedo y el terror que reflejan las caras de esos pobres e indefensos niños. ¡Por Dios!, ¡Sólo niños!.

No me consuela el saber que a este digno hijo de... "Alá", lo detuvieran tras difundirse el video. No. No me contento con que este mierda, pasara algunos días de arresto. No. Y no lo hago porque todavía existen algunos catetos, muchos ignorantes, mucho indignado indignante, mucho perroflauta, mucho progre y mucha feminista que me rodea, que mientras se preocupan de acorralar y estigmatizar a la religión católica, no tienen los huevos suficientes en su cruzada laicista para condenar ni hacerle frente a una religión que si que promueve la violencia como defensa de su ideal.

Los mismos que reclaman libertad para ocupar las calles para beber cerveza, son los mismos que no conocen cual es el peaje a pagar por ello en Irán. Esas que se desvisten y profanan iglesias y templos católicos tal vez no conozcan el castigo que caería sobre ellas por usar unos simples vaqueros en Sudán. Esos que haciendo uso de su libertad sexual tachan de homófobos a todo lo que no salga de un armario, tal vez no sepan lo que se entiende por represión y aversión a su libre condición en países a cuyos nacionales le abrimos las puertas de nuestra casa mientras nos tachan de racistas por no someternos a sus creencias . A lo mejor no saben los dolores de cabeza que podría reportarles el tener una aventurilla y echar una canita al aire, quizás porque no conocen en que consiste la lapidación.

Para todos ellos, que vean esto, esto, esto y esto. Hay más pero no es cuestión de ponerse pesado. Simple y llanamente es un llamamiento, para que cuando se encuentren con alguién que de forma alegre y festiva expresa su felicidad por sentirse católico, no se dirijan a ellos con su buenas, ejemplares y educadas formas y sepan de verdad a quienes son a los que hay que llamar por su nombre. Para que distingan a quienes hay que señalar. Para que entiendan quienes son unos verdaderos hijos de... Puta.

miércoles, 8 de junio de 2011

Una de huevos





Hace tiempo que no aparezco por el taller. La última vez recuerdo, era cercano ya un domingo de ramos. Desde entonces muchas cosas. Desde entonces otra cosa.

Después corrieron los días haciendo ansiosa la espera. Pasaron semanas con la misma rapidez que lenta fue la espera. Hoy hace un mes. Hoy celebro una treintena de jornadas desde mi particular sábado de palmas y olivos. Y es que, cual esperada Diosa, no había otra forma de recibirla. Entre fiesta y jolgorio. Entre alegría contenida y emoción desbordada. Risas expresando felicidad, lágrimas que resumen la dicha.

Desde entonces y en tan poco tiempo, esta reina ya cuenta con una fiel infanteria veladora a capa y espada de su sabia inocencia. De centinelas que velan por la profundidad de su sueño. Por celosos guardianes que vigilan sus desvelos. Por inmaduros bufones que, con más voluntad que resultados, intentan convencerse de que la faz de su dueña refleja la risa de lo que ahora son tan sólo muecas. Por voluntariosos soldados que con el fusil del alma cumplen a rajatabla las ordenes que dicta su ahora pequeña y venerada superior. Por humildes vasallos y cortesanos que se postran a grandeza de su fragilidad. De aduladores que se pliegan y doblegan ante la belleza de su pequeña realeza.

Y es que el brillo de sus ojos y la refulgente luz que destilan es el antídoto a la nubosidad de la vida diaria. Rozar y acariciar su tersa y delicada piel es como pasear entre nubes de suave algodón. Escuchar su respiración, oir el gorgoteo y el gemir de su garganta es disfrutar de la más grandiosa de las sinfonías. Sentir su mano agarrada a la tuya es amarrarte a la vida de la vida. A la vida de tu vida. A la vida de su vida. La levedad de su llanto es palpar la puntiaguda desazón del puñal que traspasa. Lo que te separa de la nada. Lo que te aleja del todo. Nada hay pues nada existe. Sólo ella. Sólo mi ama. Unicamente mi dueña.

No. No se me ha ido la cabeza. No estoy delirando. No es demencia, o tal vez si. Sólo estoy aceptando lo llegado. Adaptándome a lo tantas veces profetizado. A lo que tanto y tantos me repitieron. Simplemente acabo de ser padre y cómo se puede suponer, ya estoy comiendo huevo.  

viernes, 8 de abril de 2011

Sólo unos pasos, sólo unos metros.





No serán más que unos pasos. Dos o tres. Tres o cuatro a lo sumo. Y durante su recorrido mi ser se afanará por tratar de digerir todo aquello que se fue. A ilusionarse por lo que ha de venir. La distancia, sólo unos metros. El tiempo escasos segundos. Retazos de nostalgia. Compendio de ilusiones. Rara mezcla de sentires que pasaron con sentimientos por llegar.

Un "consumatum est" aliado con la esperanza de lo venidero. Tan sólo unos metros. Tan sólo unos pasos. Todo se va y todo deviene. Extraña mañana en la que a pesar de la pena, se sonrie al despertar. Inquietud por levantarse y darse de bruces con la ilusión renovada. Temor a hacerlo y perder lo que inexorablemente ya no volverá. Palpar el aire y su nueva luz. Lástima al recordar todo lo que se va y ha sido. La agonía de lo cercano. Sentimientos contrapuestos. Anhelos y memorias.

Una mañana de reyes en primavera. La niñez que vuelve en plena madurez. Idéntico ritual para una magia diferente.  De lo que moribundo se aleja marchito. De la vitalidad de lo que nuevamente renace. La vida y la muerte. Lo eterno y lo pasajero. El aroma y la fragancia. El bullicio y el silencio. El oro y la plata. El esparto y el cíngulo. La seda y el tergal. El terciopelo y el ruán. Lo mismo pero distinto. Casual y extrañamente siempre igual.

Lo que tanto esperaba y que sin llegar ya se me ha ido. Lo que ya se fue y todavía se queda. Un nuevo día. Aquel viejo día. El de todos los años. El mismo que hoy otra vez estreno. El que hoy vendrá.  Este que sin estar ya se va despidiendo y que mis ansias cortejan para vivirlo, para sentirlo, para disfrutarlo, para recordarlo.

Serán sólo unos metros. Sólo unos pasos. Tan cortos como imperceptibles. Tan largos como mi corazón dicte. Pues son los que atesorarán en un final destinado al sutil descorrer de la cortina todo aquello que me hizo y aún hoy me hace vivir, sentir, disfrutar, recordar.

Será sólo un momento. Sólo unos breves segundos. Los suficientes para entender que todo pasa. Para saber que todo llega. Mientras trataré de comprender, de asimilar que ya lo vivo, que ya lo siento, que ya lo disfruto, que ya lo recuerdo. Que ahí cerca, casi a las puertas, asomando entre los días por llegar, conquistando el tiempo pasado está el viejo y el nuevo. El de las palmas y olivos. Está el mismo y distinto Domingo de Ramos.

sábado, 2 de abril de 2011

De librepensadores y ateos




Hace tiempo que no se descorren las cortinas de esta humilde sastrería. Muchas cosas se han ido sucediendo desde la última entrada. Aparte de la ya más que aceptada corrupción política que desgraciadamente asfixia a esta nación y de la que se reproducen sin fin casos y casos (falsos Eres, Gürtel, subvenciones de la unión europea...). Aparte de la mentira y la maquillación de hechos con la que día tras día nos engañan y nos hacen tragar con piedras de molino (caso Faisán, negociación con ETA, brotes verdes de la economía...). Aparte de hechos sin trascendencia y que ya se encargan algunos necios de intentar hacernos ver que todo poco a poco mejora, (España por fín es el país con el mayor índice de paro de todos los que componen la zona euro). Aparte de todo esto y más, ahora nos vemos inmersos como país en una nueva guerra. Esa que se libra para derrocar al ahora maldito y malvado Gadafi. Ese que era recibido con los más altos honores. Ese que era hospedado y arropado en los más bellos parajes, en las más deslumbrantes estancias. Ese que antes no era un dictador. (¡ja,ja!). Ese que al parecer ahora tiraniza y mata a sus conciudadanos. Ese tipo tan adorable que venía regalando caballos. Pero ¿he dicho guerra?. Dios me libre. Nuestros gobernantes, los de hoy claro, estos no nos meten en guerras. ¿Verdad? Estos son pacifistas. Por ello nos sacaron de Irak. Por eso no nos vamos de Afganistán. Porque allí no tiran balas, nos dan caramelos. Por eso no negociamos con paises amigos la venta de armas. Porque con ellas lo que se hace es practicar el tiro al plato. Es lo que tiene la hipocresía y la doble moral.

Sin embargo, no es de los avatares guerrilleros de España como nación lo que me lleva a retomar la hechura de este nuevo ropaje. Es el afán guerrillero que ciertos gudaris autodenominados ateos proyectan en contra de la religión. ¿Qué religión?. Pues sobre cual va a ser. La católica claro. Esa que saben ellos que volverá a poner la otra mejilla.

Últimamente se vienen perpetrando ciertos ataques contra el catolicismo. Ataques que se están convirtiendo en tónica habitual y que no hacen más que sumergirnos poco a poco en una peligrosa espiral. Violenta y dolorosa espiral. Que si profanación de templos, que si exposiciones fotográficas, que si obras teatrales, que si procesiones ateas.... El caso está en que estos autodenominados ateos (personas que no creen en deidades ni seres sobrenaturales) en vez de aplicar su no creencia se dedican a que los demás no puedan realizar sus habituales prácticas religiosas. No se mantienen al margen. Intentan convencer a los demás, intentan imponer a los creyentes las bondades del ateismo. Y si no es por la vía pacífica será por la violenta. Por el insulto. Hiriendo. Mofándose. Atacando a las creencias más profundas e íntimas de cada cual.

Sin embargo, estos seudoguerrilleros del ateismo, soló luchan en contra del Dios cristiano. Del católico. Ninguno de estos y estas admirables valientes, defensores de su no creencia, de estos respetuosos adalides de la libertad, tienen los santos bemoles de hacerlo en contra de ninguna otra religión. Se escudan en la supuesta condición pederasta que lleva aparejada la vocación sacerdotal para montar estos pitostes. Cómo si no hubiese violadores, mangantes, ladrones, asesinos, terroristas, y por supuesto monstruos humanos que abusan de menores que tuviesen otras creencias o profesasen otra religión. Estos ateos librepensadores, que se dedican a no dejar pensar libremente a los demás son los mismos que no se escandalizan con declaraciones como esta o esta otra. No, no lo dicen practicantes islamistas de base, no. Esto lo dicen ni más ni menos que imanes. Los que predican la fe del Islam. 

Lo que ocurre es que esta panda de luchadores, esta trupe de inteligentes, estos seguidores de la alianza de civilizaciones no tienen nada que temer. Todo lo que sea atacar al catolicismo sale gratis. A pesar de regularse constitucionalmente, en la ley de libertad religiosa y en el código penal en el que incluso los ataques y ofensivas contra cualquier creencia religiosa se paga con penas de cárcel.

Ya me gustaría saber a mi que castigo recibirían estas tipas ligeritas de cascos, perdón de ropa, entrando con sus elegantes maneras en una mezquita. Me gustaría saber si se expondrían en este pais, ya no cuadros sino viñetas aludiendo a Mahoma. Me apetecería conocer si al igual que hay representaciones teatrales en las que se escenifican a sacerdotes acudiendo a prostíbulos y practicando sexo homosexual mientras monjas borrachas pasan por su vera, serían capaces si quiera de hacer una barbacoa en la puerta de una mezquita durante pleno ramadán. Lo que pasa es que como casi siempre mi gozo quedará en un pozo. Si, en un pozo. Porque esta gentuza librepensadora, progresista y amante de su libertad de expresión, estos zoquetes que sólo hacen crear la división y que son amparados por los que se dicen defender la alianza de civilizaciones (¿será a esta?) y de hecho la respaldan (se anuncian en la web amenazadora) no tendrán la suficiente gallardía para llevar su ideología atea hasta el final. Contra todas y cada una de las confesiones religiosas teistas. Y no lo harán básicamente por una cuestión. Simple y llanamente porque adolecen de algo que va más allá de su supuesta y agresiva valentía. Sencillamente porque no tienen huevos. No hay cojones.